lunes, 9 de enero de 2017

El factor tiempo en la Toma de Decisiones

¿Tomamos la misma decisión sobre un problema a distintas hora del día? Por ejemplo... ¿La decisión de un juez sobre la libertad de un reo está afectada por la hora en la que la toma? En principio, la racionalidad nos lleva a pensar que nuestras decisiones se basan en elementos lógicos como los argumentos a favor o en contra, lo bueno frente a lo malo, lo útil ante lo inútil... Sin embargo, el estudio de la Toma de Decisiones ha demostrado que nos condicionan factores como las heurísticas, los sesgos cognitivos... e incluso algo en principio tan ajeno al propio problema como la hora en que decidimos sobre el mismo.

Por eso, más allá de lo racional, lo emocional tiene un peso decisivo sobre cómo decidimos. Y las emociones son muy variables a lo largo del día...

Experimentando sobre la hora de las decisiones

Jonathan Levav, profesor de la Columbia Business School (EEUU), Shai Danziger profesor del Department of Management de la Ben Gurion University of the Negev (Israel) y Liora Avnaim-Pesso, alumna de esa universidad, llevaron a cabo un experimento para averiguar si, ante problemas similares, decidimos lo mismo a cualquier hora del día. El resultado que obtuvieron fue muy claro:

Incluso un experto sucumbe con el paso de las horas a la influencia de estrategias simplificadoras en la Toma de Decisiones.

El cerebro consume aproximadamente el 20% de la energía que gastamos, un porcentaje que aumenta cuando tomamos decisiones y que se dispara al hacerlo de manera continua. En otras palabras, pensando nos cansamos.

Por ello, un profesional competente y preparado como un juez cuyo trabajo consiste en decidir, a medida que avanza su cansancio mental se ve más afectado por los sesgos y acaba cayendo en la deriba de tomar las decisiones más fáciles ante cada problema.

Y en el caso de las decisiones analizadas en este experimento, lo más fácil es dejar a los presos en la cárcel. Ofrece menos riesgos futuros que soltarlos.

El experimento

El experimento se publicó en PNAS (Proceedings of de National Academy ol Sciences of United Stats of America) con el título Extraneous factors in judicial decisions.

La idea iniciática surgió de una frase popular que dice “La Justicia es lo que el juez comió en el desayuno”, aunque los investigadores se centraron en el tiempo y el cansancio acumulado (cómo nos afecta al decidir tener hambre o no será tratado en un próximo post).

En concreto, estudiaron algunas jornadas de trabajo elegidas aleatoriamente de 8 jueces israelíes:
  • Su labor consistía en decidir, en base a los informes que les presentaban, si concedían a presos la libertad condicional.
  • La media diaria de decisiones de cada juez era de 35.
  • En total se analizaron 1.112 sentencias.
  • Las jornadas de trabajo tenían tres partes ya que realizaban dos pausas, una para desayunar y otra para comer. 
  • La media de decisiones favorables de las primeras sentencias analizadas en cada uno de los tres periodos de trabajo de la jornada era del 65%, mientras que la media de las últimas decisiones tomadas antes de cada descanso o fin de jornada se aproxima al 0% (Cuadro 1).
    Y no era una casualidad. Los resultados se analizaron comparando variables tan diversas como:
    • Sentencias de delitos similares.
    • Sentencias a sujetos del mismo sexo o etnia.
    • Sentencias a sujetos que cumplían su primera condena (Cuadro 2).
    • Sentencias a sujetos con condenas previas (Cuadro 3).
    Daba igual. Una ordenadas por horas las sentencias de cada variable, siempre habían sido mucho más favorables a la libertad del reo las que se dictaron al inicio de cada periodo de trabajo que las emitidas al final.
    Es decir...

    Ante un juez, tienes hasta un 65% de posibilidades de sentencia favorable si acaba de comenzar a trabajar, mientras que si lleva horas trabajando, está cansado y ya ha tomado muchas decisiones tus posibilidades se acercan al 0%. Así de simple.

    Evidentemente, los jueces no eran conscientes de que sucedía esto hasta que no vieron los resultados. Todos ellos consideraban que estudiaban con la misma dedicación cada informe, sentían que eran ecuánimes y estaban seguros de que aplicaban por igual y con racionalidad la ley. Y probablemente era verdad, lo sentían... pero sus decisiones eran diferentes con el paso de las horas.

    Aplicación en la empresa

    Los autores señalan que aunque habría que profundizar en estudios similares en otros sectores, el resultado es trasladable a otras disciplinas, como management, medicina o finanzas, donde la Toma de decisiones también es la base del trabajo de muchos de sus profesionales.

    En ese sentido, su experimento refuerza la idea de que...
    Nuestro cerebro aplica a todas las decisiones una capa de racionalidad en forma de argumentos que sentimos previos a la decisión, pero que son justificaciones posteriores perfectamente prescindibles, cuestionables o modificables por nosotros mismos (cuando nos convenga) si cualquier otro sesgo o factor condicionante, como el cansancio mental, entra en juego, y por supuesto no recordaremos ni sentiremos que antes pensábamos de otro modo o decidimos en otro sentido.

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