lunes, 10 de octubre de 2016

Ceguera por falta de atención, la cura de humildad que nos enseña un gorila

La ceguera por falta de atención se produce cuando nos concentramos tanto en algo que se nos escapan detalles importantes de nuestro entorno. Simplemente no vemos lo obvio porque nos centramos en otra cosa. Esto, combinado con el absurdo convencimiento de que podemos hacer bien varias cosas al mismo tiempo, se convierte en una fuente potencial de problemas en el ámbito profesional. En concreto, muchas veces no somos capaces de ver lo que tenemos alrededor, valorar la posibilidad de que haya otras soluciones o admitir que alguien tiene valores distintos a los que ya hemos decidido que tiene o no. Y esto nos pasa a todos... como nos demostró un gorila.

En 1999 Christopher Chabris y Daniel Simons publicaron un experimento que se ha convertido en uno de los más populares de la psicología. Por si acaso no lo conoces, aquí lo tienes. Verás dos equipos, blanco y negro, que se pasan un balón. Trata de contar cuántos pases da el equipo blanco.


Aproximadamente, el 75% de la gente no lo ve. Sin embargo, cuando se expone la situación a gente que no ha hecho el experimento, el 75% afirma con seguridad que ellos sí lo verían. Es decir, nuestra naturaleza nos hace creer que sí... pero nuestra capacidad de atención hace que sea que no.

Las primeras conclusiones son que...
  1. Este sencillo ejercicio muestra cómo vemos nuestro mundo.
  2. Nuestra visión de la realidad que nos rodea está llena de errores de interpretación.
  3. El mundo no existe, sólo existe lo que nuestros sentidos nos dicen que es ese mundo.

De este modo, la Ceguera por falta de atención se explica así:
Cuando la gente dedica su atención a un elemento o aspecto de su entorno visual tiende a no notar objetos inesperados, incluso si estos son evidentes, están claramente a la vista o son potencialmente importantes. Se concentra tanto en lo que espera que se vuelve ciega para el resto de posibilidades.

O de un modo menos académico:

Si estás centrado en algo, te cierras a otros estímulos,
por grandes y llamativos que estos sean.

Chabris y Simons publicaron sus conclusiones en el libro ´El gorila invisible y otras maneras en que nuestra intuición nos engaña´, que incluye otros interesantes experimentos suyos y ajenos:
  • Peter Jacobsen, consultor de salud pública, demostró que las tasas de accidentes entre coches/peatones y coches/ciclistas son menores en las ciudades con mayores tasas de peatones y ciclistas. Es decir, cuantos más hay, menos accidentes. Simplemente, los conductores están alerta y los ven. Mientras, en las ciudades donde hay menos, sobre todo ciclistas, directamente no les ven porque no esperan verlos, y los atropellan.
  • Steve Most y Robert Astur, del Olin Neuripsychiartry Research Center experimentaron con un simulador de conducción y varios voluntarios. Les advertían que antes de llegar a cada cruce una flecha azul les avisaría de la dirección de giro. De repente, tras un giro, aparecía una moto. Cuando era azul, mayoritariamente frenaban. Cuando era amarilla, el 36% la atropellaba. Como esperaban ver algo azul, cuando aparecía algo de otro color lo obviaban y no lo veían hasta que era tarde.

Por este libro, Chabris y Simons ganaron el premio IG Nobel, ese que se concede a los experimentos que primero hacen reír y luego pensar. Y quizá ese es su único problema. Como hace reír, la inmensa mayoría de la gente que cae en el error lo minimiza.

Muchos esgrimen incluso que es imposible que ellos no hayan visto algo tan evidente; que les han cambiado el vídeo. Y cuando por fin comprueban que sí, que había un gorila y no lo han visto, aducen que es un juego y no profundizan en las enseñanzas de Chabris y Simons.

Vamos, que no aprendemos nada acerca de cómo nos puede afectar la Ceguera por falta de atención en los ámbitos personal y profesional.

Ilusiones, las trampas de la mente

Las principales ilusiones cognitivas de nuestra mente que exponen Chabris y Simons son:

1. Ilusión de la atención

Sentimos que podemos hacer varias cosas a la vez.

Sin embargo...
  • Nuestra capacidad de atención dista mucho de ser infinita (ver Economía de la Atención).
  • No podemos hacer al 100% dos cosas a la vez (no, ni siquiera conducir y hablar por teléfono. Un experimento de la Universidad de Utah ha demostrado que sólo un 2,5% de las personas pueden hacer eso sin que se resienta mucho su atención en ambas tareas).
  • Miramos sin ver.

2. Ilusión de la memoria

Sentimos que nuestra memoria no nos falla.

Sin embargo...
  • La memoria no funciona como una cámara de vídeo: El cerebro no dedica energía y espacio a acumular ‘todos los detalles’ de nuestra vida.
  • Un recuerdo se reconstruye cada vez que se evoca. Y con ligeros cambios cada vez.
  • Lo vemos nítido... pero las cosas nunca fueron del todo como las recordamos.
  • Percibimos lo que esperamos ver, y buena parte del recuerdo se basa en lo que pensamos que sucedió.

3 Ilusión de la confianza

Sentimos que podemos confiar plenamente en lo que sabemos.

Sin embargo...
  • Creemos que nuestros recuerdos son muy precisos y por eso estamos seguros de lo que hemos visto, vivido o aprendido...
  • Pero en realidad lo que hacemos es confiar en un sistema que, como ha quedado dicho, reconstruye cada recuerdo con ligeras adaptaciones cada vez que lo evoca.
  • Confundimos confianza y seguridad con preparación. Es decir, pensamos que la gente segura de sí misma está más cualificada y preparada.

4 Ilusión del conocimiento

Sentimos que somos expertos, que tenemos todos los datos necesarios para planear o predecir algo, que sabemos más que los demás.

Sin embargo...
  • Siempre sabemos menos de lo que creemos que sabemos.
  • No somos capaces de valorar cuánto no sabemos de un asunto, por lo que nos comportamos como si ya supiésemos todo lo que hay que saber.
  • Nos parece más veraz aquello que confirma lo que ya sabemos (ver sesgo de Confirmación).

5 Ilusión del potencial

Sentimos que tenemos un gran potencial que sólo tenemos que despertar.

Sin embargo...
  • No lo entrenamos de acuerdo a recomendaciones como hacer juegos mentales o escuchar música clásica

6 Ilusión de causalidad

Sentimos con rapidez una relación causa/efecto.

Sin embargo...
  • Confundimos simples correlaciones de hechos con causas que no existen.
  • Saltamos a las conclusiones con inusitada velocidad y seguridad.
  • La primera causa que se nos ocurre ya nos deja tranquilos porque... ‘eso lo explica todo’.
  • Nuestro cerebro está diseñado para asumir mejor los hechos cronológicamente. Una naturaleza secuencial del tiempo que lleva a que sintamos que cualquier suceso (por muy complejo que sea) o decisión que toma otro, tengan un origen o causa únicos.
  • Pero no es así. Prácticamente todas las decisiones complejas responden a múltiples causas.
  • Esta es la razón de que nos gusten tanto las teorías conspirativas y la búsqueda de un único motivo esencial que lo explica todo.


Gorilas en la empresa

Trafton Drew, Melissa Le-Hoa Vo y Jeremy M. Wolfe, de la Universidad de Harvard, decidieron explorar hasta qué punto se produce entre profesionales la ceguera por falta de atención en su campo de conocimiento.

Para ello, diseñaron varios experimentos. En uno de ellos, mostraron a 24 radiólogos 5 tomografías de tórax con una media de 10 nódulos cancerígenos en cada una. Y en la última, incluyeron, a modo de homenaje, la imagen de un gorila del tamaño aproximado de una caja de cerillas. Algo así como 48 veces más grande que un nódulo.
  • La tasa de detección de nódulos fue del 55%, lo cual parece no estar nada mal.
  • Respecto al gorila, aunque esa tomografía fue visionada una media de 4,3 veces por médico (podían realizar varias exploraciones para asegurar el diagnóstico), 20 de ellos no la vieron.
Es decir, por muy expertos que seamos, no estamos libres de no ver los gorilas. Y no sólo hablamos de temas visuales:
  1. Nos centramos en los parámetros que nos interesan en un proyecto, métricas, etc (y luego llegan las crisis que ‘nadie’ podía predecir, pero que todo el mundo tenía delante).
  2. Catalogamos a los compañeros de acuerdo al puesto que tienen en ese momento, olvidando rápidamente su experiencia previa en otras áreas. Por eso, cuando hay que cubrir una posición muchas empresas buscan fuera perfiles que ya tienen... pero no ven.
  3. Por el mismo motivo, no damos credibilidad a las opiniones de personas que quizá cuentan con preparación y experiencias muy valiosas (para este punto y el anterior ver El efecto Halo)

Conclusiones
  • Nuestro cerebro merece nuestra confianza y su potencial está fuera de toda duda... pero también tiene limitaciones y sesgos (ver Heurísticas y sesgos).
  • Conocer las ilusiones de la mente no evita que nos afecten, pero ser conscientes de las mismas sí supone una ventaja competitiva.
  • En los entornos laborales, nos permite estar más alerta y replantearnos otras vías de resolución de problemas, valorar la opinión de otros compañeros expertos en la materia, etc.
  • Se nos da bien centramos mucho en algo, pero no somos multitarea. Cuando partimos nuestra atención en varios focos no captamos con gran precisión tantos detalles como creemos. Saberlo nos debe hacer más cautos y tomar precauciones para asegurarnos antes de tomar decisiones.
  • No nos pasa sólo a nosotros. Hay que desconfiar de quieres afirman recordar sin ninguna duda todos los detalles de un hecho, informe, proyecto...
  • En otros ámbitos, estos experimentos sobre las ilusiones de la mente están llevando al replanteamiento de cosas tan importantes como el valor de la declaración de los testigos en los juicios.

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